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Balance ‘Torneig Ciutat de L’Hospitalet’: quinteto ideal (y II)

Completamos nuestro quinteto ideal del torneo con Bogdanovic, Aguilar y Macvan.

Bojan Bogdanovic Croacia Real Madrid
Bojan Bogdanovic con la camiseta de la selección croata
Foto: Fiba Europa
  David Vidal  13/01/2007

BOJAN BOGDANOVIC (Real Madrid)
Nacionalidad: croata.
Año: 1989.
Altura: 2,00.
4 partidos; 30.33 minutos; 18,75 puntos; 9 rebotes; 2 asistencias; 1,75 recuperaciones; 23,5 valoración.

Resulta difícil calibrar con certeza la actuación de Bogdanovic en este ‘Torneig Ciutat de L’Hospitalet’. Primero, por lo descolocado de su posición en el conjunto madridista (oficiando a las veces de center puro y duro) y, segundo, por el equipo en el que se encontraba, formado por 4 jugadores de gran calidad (Aguilar, Gerbaudo, Parejo lo es cuando las mete y él mismo), en el que ha tenido muy complicado mostrarse por encima del resto (algo que, por ejemplo, ha conseguido Macvan sin problemas, ante la endeblez del resto de su equipo).

Lo que sí hemos podido ver ha sido a un Bogdanovic diferente y hasta desconocido. Ostensiblemente más fuerte y musculoso de lo que se le vio el año pasado en este mismo torneo, su juego parece haberse ‘aguilarizado’, derivando hacia una mayor intensidad, un carácter más combativo y una actitud más notoria en la pista. Qué sería de aquel Bogdanovic desesperantemente frío, que era hasta capaz de pasar desapercibido metiendo 20 puntos…

Tal vez esto último no haya cambiado tanto como parece. Bogdanovic ha sido, números en mano, uno de los mejores jugadores del torneo. Y tal vez sí que lo haya sido, pero no tanto como esos 18,75 puntos, 9 rebotes y 23,5 de valoración. Sigue sin acabar de dar la sensación de ser resolutivo, aunque, eso sí, su implicación en el juego es mayor. Aun así, sus estadísticas son destacadísimas para las sensaciones que generó y la repartición de los tiros propia de un equipo como el Real Madrid, con ese cúmulo de 4 jugadores ya nombrado.

La respuesta a parte de eso seguramente se encuentre en la desubicación que ha sufrido Bogdanovic. A ratos, hasta era posible creer que se había convertido en un 5 (incluso más interior que Aguilar). Fue sólo algo circunstancial, sobre todo en el primer partido, y fruto de los pocos efectivos de que disponía el Madrid en la pintura. Con el paso de los primeros partidos, volvió a posiciones exteriores, aunque no por ello dejó de pedir el balón al poste bajo para jugarse el 1x1, rebotear como un pívot y defenderse al interior del equipo rival. Por este motivo es complicado valorar tanto su impacto en el equipo como su progresión.

Todo hay que decirlo: no lo hizo nada mal, al contrario. En ocasiones parecía el mejor interior del torneo, con un juego de pies que bien querrían para sí Aguilar, Samb o el propio Macvan. Y es que si de algo va sobrado Bogdanovic es de fundamentos. Gran habilidad para culminar las penetraciones, juego de pies que le permite postear a su par sin problemas… Lástima que su repertorio se viese limitado por las necesidades tácticas del equipo.

Atendiendo a las características que rigen su posición natural, el croata no mostró una excesiva progresión, aunque tampoco se dejó ver en demasía. Mantiene su tiro rápido y convincente, aunque su fiabilidad no ha ido más allá del 25% de acierto. Además, resulta un jugador muy peligroso en el uno contra uno en distancias cortas, cuando necesita pocos botes para romper a su defensor, ocasiones en las que es muy difícil de parar: su primer paso y su habilidad para culminar la penetración o elevarse tras bote hacen el resto. Pero acaba sufriendo en las distancias largas, donde su bote no parece muy seguro. Su manejo de balón tiene, por lo tanto, ciertas limitaciones que le minan en el bote en velocidad, la capacidad para subir el balón o el uno contra uno alejado de la línea de 6,25.

Las cifras de rebotes más parecen un espejismo que un reflejo real de su instinto reboteador. Con las circunstancias arrastrándole a defender a jugadores interiores, contra los que a menudo no le separan muchos centímetros, jugaba muchos minutos cerca del aro, por lo que ha aprovechado una corpulencia de la que antes adolecía para inflar sus números en ese apartado estadístico. En un entorno normalizado, no alcanzará tales cifras, y difícilmente constituirá algo más que una ayuda en el rebote para los hombres interiores.

De hecho, sus estadísticas en el equipo de LEB-2 no están siendo muy boyantes. Hasta el inicio del torneo contabilizaba 6,29 puntos y 4,86 de valoración en 7 partidos (más de 22 minutos), con porcentajes de 3 que no alcanzaban el 20%. Es de suponer, pues, que le esté costando brillar en un equipo con tantos problemas como es ese, teniendo en cuenta que, Bogdanovic, posiblemente necesite de un entorno y una dinámica positivos para rendir a buen nivel, así como de unos compañeros que le arrastren hacia su mejor juego, sacándole de esa frialdad que siempre ha acostumbrado a caracterizarle.

En cualquier caso, su evolución desde hace un par de años no parece haber sido excelsa, pues apuntaba muy alto después de aquel Europeo Cadete de León (se hablaba de él, junto con Diot, como uno de los jugadores de mayor potencial de la generación del 89). La próxima gran cita internacional para él será también en España (Madrid), donde se disputará el Europeo U18 este verano. Con el liderazgo de la selección croata en sus manos de forma indiscutible, habrá que ver cómo responde.

PABLO AGUILAR (Real Madrid)
Nacionalidad: española.
Año: 1989.
Altura: 2,03;
4 partidos; 28.18 minutos; 21,75 puntos; 8,5 rebotes; 3,75 tapones; 1 asistencia; 1,5 recuperaciones; 24,75 valoración.

El único representante español de este quinteto también forma parte del Real Madrid (tres de los cinco jugadores pertenecen al equipo capitalino), en una generación muy acostumbrada a la victoria. Campeones de España Cadete en 2005, con gran superioridad con respecto a sus rivales; subcampeones de España Junior en 2006, perdiendo frente a Unicaja una final que dominaban cómodamente; campeones del ‘Torneig de L’Hospitalet’ del año pasado (contra Estrella Roja) y subcampeones este mismo año (derrotados por el Zeleznik del ya ilustre Milan Macvan). Lo cierto es que es una gran generación, la madridista, y Pablo Aguilar es uno de sus máximos estiletes.

Aguilar, posiblemente el mejor jugador español de su generación, es uno de los jugadores del torneo en el que las estadísticas han reflejado de forma más fidedigna su impacto en la pista. Obligado a jugar muchos minutos por la escasez de efectivos en el juego interior, el granadino ha sido capaz de mantener una encomiable regularidad durante todo el torneo (su menor anotación fue de 18 puntos).

La evolución que ha vivido desde su etapa cadete es notoria, pues su juego ha pasado a depender considerablemente del tiro. Ni el juego al poste ni el uno contra uno abierto le proporcionan tantos puntos como lo hace el tiro de media-larga distancia. De hecho, obtuvo el premio al máximo anotador de triples del torneo (galardón, dicho sea de paso, de adjudicación un tanto incomprensible).

Centrándonos en su tiro, su mejora es evidente. De ejecución suficientemente rápida, con sus largos brazos, finalizando el gesto técnico muy arriba y con la leve inclinación hacia atrás que lleva a cabo durante la suspensión, el tapón es prácticamente inaccesible. Con esta particular ejecución, Aguilar ha desarrollado un tiro fiable y efectivo (47% desde la línea de 3). Además, es capaz de lanzar no sólo en estático, sino incluso tras bote (en distancias cortas) y a la media vuelta. Su rango de tiro es, por lo tanto, amplio y variado. Confianza en él no parece faltarle o, por lo menos, su presencia en el concurso de triples dirige el pensamiento en esa dirección.

El problema es que Aguilar está unidimensionalizando su juego, basándolo en exceso en el tiro. Dejando a parte los puntos que consigue desde la larga distancia, el resto es fruto de rebotes ofensivos, donde deja ver una buena habilidad de colocación y continúa haciendo buen uso de sus largos brazos. Pero, para su posición de ala-pívot, adolece de algo más de juego de cara al aro, donde no parece tener una especial facilidad para echar el balón al suelo y probar la penetración. Sus botes son, en ocasiones, poco pretenciosos, buscando sólo el tiro. Incluso con defensores más lentos que él tiene dificultad para jugarles el uno contra uno de cara.

En la lucha cuerpo a cuerpo no parece mostrar tampoco especial habilidad. Son escasísimas las veces en las que recibe el balón al poste bajo y prueba el juego de espaldas. Seguramente adolezca del juego de pies necesario y rehúya en cierta manera la batalla física, en la que no parece sentirse muy cómodo. Así pues, las pocas veces que trata de postear, acaba con un tiro a la media vuelta o trata de sacar a su defensor a la línea de 6,25, donde está más cómodo y es capaz de generar mayores espacios.

Si algo ha mantenido Aguilar, es su instinto reboteador, con más de 8 capturas por partido y su facilidad para taponar (3,75 por partido). Continúa siendo un buen defensor, encargándose de la defensa de uno de los cocos del campeonato, Milan Macvan, al que colocó algún que otro tapón y que logró contener mínimamente mientras estuvo en pista (con continuos 2x1, eso sí) cuando los problemas de faltas (que le sacó, precisamente, Macvan) se lo permitieron.

Durante el torneo se ha dudado particularmente de su capacidad de sacrificio, esfuerzo y trabajo en pista. Todo ello a raíz de su aparente pasotismo en los últimos partidos del torneo, en los que el balance ofensivo no era sino caminando. Quizás el cansancio o la cierta superioridad que puede mostrar en esta categoría puedan excusarle, si bien esa actitud parece estar más cercana a una pose que no a su implicación real; imagen discordante a su intenso trabajo bajo los aros y su defensa activa y molesta.

Por otro lado, Aguilar irradia espíritu competitivo. Espoleando a sus compañeros, consiguiendo que incluso Bogdanovic se muestre activo y partícipe y desprendiendo un aire de buen rollo que parece unirle a sus compañeros. Si no un líder, sí que muestra la imagen de jugador comprometido e implicado con el equipo, que torna en poco preocupante, hasta el momento, el aparente pasotismo que pueda desprender.

El auténtico duelo vivido entre Aguilar y Macvan en la final de Hospitalet tal vez sólo sea el preludio de lo que nos espera en el Europeo U18 de Madrid este verano, donde ambos pueden reencontrarse y librar de nuevo una espectacular batalla. El primer asalto, tanto a nivel individual como de grupo, fue para el serbio, que se hizo con el trofeo de campeón, fue máximo anotador de la final y puso en problemas al granadino en defensa (con 4 faltas prácticamente al final del tercer cuarto, ante la dificultad de parar a Macvan). Próxima parada: Madrid. Allí, Aguilar tiene más opciones de salir airoso…

MILAN MACVAN (FMP Zeleznik)
Nacionalidad: serbia.
Año: 1990.
Altura: 2,06.
4 partidos; 31,20 minutos; 22,5 puntos; 12.75 rebotes; 4,5 asistencias; 31 valoración.

Justo y merecidísimo MVP del torneo. A todos los niveles: numérico, de liderazgo, de dominancia, de sensaciones, popular, oficial… La máxima ovación del público fue para él, cuando le aplaudió unánimemente tras ser sustituido en el último cuarto de las semifinales contra Pamesa Valencia.

Macvan fue, sin duda alguna, el mejor jugador del torneo, el único del que se puede llegar a decir que realmente fue dominante. Su influencia en el juego del Zeleznik era total. Los ataques pasaban por él, que era capaz de hacer de todo y que respondía a cada momento del partido. De hecho, sin él, su equipo ni siquiera habría alcanzado las semifinales, pues poco más disponía aparte de la sensación de bloque y la figura de Macvan.

Era una de las grandes estrellas del torneo, y ha acabado cumpliendo con su papel, guiando a su equipo hacia la victoria y reforzando la imagen de gran jugador que la afición catalana ya se formó en aquel Memorial Juan del Moral de Santa Coloma ya hace más de dos años. Sin un juego ni mucho menos espectacular, Macvan se ha labrado, y a pulso, la imagen de jugador a seguir en los próximos años.

En el fondo, el serbio es un jugador difícil de definir. Cuenta con un físico muy peculiar. No excesivamente alto (2,06), ni atlético ni musculoso, sí que es corpulento y de formas redondeadas. A primera vista, no parece un físico propio de jugador de baloncesto, mas sabe cómo sacar un extraordinario partido de él.

En este Zeleznik le hemos visto hacer absolutamente de todo: rebotear, anotar al poste bajo y de 3, intimidar en defensa, taponar, subir el balón, repartir asistencias, distribuir juego… Se ha mostrado muy completo e influyente en varias facetas del juego. Para empezar, Macvan cuenta con una inteligencia y conocimiento del juego impropia de su edad y posición en la pista. Conoce a la perfección cuándo debe actuar y qué debe hacer. Eso le convierte en un jugador con una gran versatilidad aplicable y de gran impacto en el juego de su equipo.

Macvan es un buen tirador, pues dispone de una mecánica fluida, un buen acierto desde la larga distancia y una seguridad en su tiro que le permiten prodigarse sin mayores problemas. Su juego al poste bajo no es excelso, pero sabe sacar partido de su corpulencia. Hace uso de su cuerpo de forma efectiva para hacerse sitio entre sus rivales y acabar solo bajo el aro, lo que, en parte, compensa las carencias de su juego de pies. Además, infla sus estadísticas acabando fácil tras rebote ofensivo y siendo efectivo en los balones que le doblan los exteriores.

Como jugador de referencia, acostumbra a recibir 2x1 nada más recibir al poste bajo, en los cuales parece desenvolverse con relativa facilidad, no siendo pocas las veces en que su pase acaba directamente en asistencia (en este sentido, la pareja que habría formado con los 213 centímetros de Dejan Musli podría haber resultado letal). Porque, además, Macvan dispone de una gran habilidad para el pase, lo que, combinado con esa buena lectura del juego, le ha permitido promediar 4,5 asistencias por partido. Aprovechando esas cualidades, es habitual verle en el taco, desde donde distribuye juego explotando al máximo su inteligencia.

En ciertos momentos, hasta es capaz de subir el balón e indicar él mismo la jugada, completando así un repertorio ofensivo que le hacen un jugador difícil de defender y con capacidad para sacarle la falta a su par (especialmente cuando se hace hueco bajo el aro, con no otro resultado que la canasta o la falta).

En facetas defensivas es, por ese mismo cuerpo del que tanto partido saca en ataque, un defensor rocoso. Aunque la defensa de su par no sea una faceta especialmente remarcable en el serbio, sí que, aun y no siendo excesivamente alto, goza de cierta capacidad intimidatoria (poco destacable en la sección taponadora) y de facilidad para hacerse con el rebote defensivo.

Para los aficionados que se dieron cita en Hospitalet reservó el reflejo de su actitud pintoresca, con continuas gesticulaciones (tras mate o triple) para animar al público y ciertos gestos provocadores hacia los rivales, todo ello de difícil interpretación, que no hace sino confirmar a Milan Macvan como un jugador muy peculiar.

Su influencia en el juego de su equipo sí que ha sido completa, aunque su dominancia (que también ha existido) ha estado más supeditada a esta versatilidad que no reflejo de una capacidad real. Eso no quita que la categoría sea inferior al nivel actual de un Macvan que todavía no es jugador de la primera plantilla del Zeleznik. Pero ese nivel no se puede equiparar a su potencial. Limitado en gran medida por ese físico poco atlético, no parece que la capacidad de mejora del serbio sea extraordinaria. Su potencial es, por ende, menor al nivel al que raya actualmente. Ante rivales de mayor altura y, en general, de mayor nivel a los de este torneo, el Europeo U18 de este verano puede ser un buen momento para calibrar cuál es su tope máximo, que anda lejos de estar desorbitado, habiéndose generado en torno a él una aureola de futura superestrella que para nada representa lo que le espera en el futuro.

De contradicciones y sorpresas, L'Hospitalet nos ha reservado de todo tipo. Para las respuestas, seguramente aún sea necesario esperar unos años más. Sólo esperemos que el mediocre nivel general del torneo no nos haya hecho construir y creer mentiras allá donde no encontrábamos verdades a las que aferrarnos con vigor.
 
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